Los autores

Tomás López Torregrosa

un gran desconocido compositor

Nació en Madrid en 1875, hijo del también compositor Joaquín Valverde Durán, uno de los padres del género chico. Su prematuro éxito Con las de Caín, estrenada con tan solo catorce años, y su don para componer propiciaron que no siguiese estudios reglados. Destacó como compositor prolífico en una época de prolíficos.

Joaquín “Quinito” Valverde
el niño prodigio de la zarzuela

Nació en Alicante en 1863 y fue uno de los baluartes del casticismo madrileño. Discípulo aventajado de Chapí, en 1887 comenzó a dirigir la orquesta del Teatro Apolo. Su primer gran éxito fue La banda de trompetas, en colaboración con Arniches, con el que repetiría en El santo de la Isidra (1898) y La fiesta de San Antón (1899).

La ampliación de la sociedad artística con Enrique García Álvarez y Quinito Valverde daría como resultado otros dos grandes éxitos: El terrible Pérez (1903) y El pobre Valbuena (1904). Fue uno de los grandes compositores de la década dorada del género, la de 1890, y compuso más de cien obras, que le dieron su lugar en la historia del género, como El santo de la Isidra, que mantiene su estatus de clásico en el repertorio actual. López Torregrosa es un gran desconocido, aunque su caso no es aislado, pues pertenece a una generación de creadores prácticamente olvidada. Murió en Madrid en 1913.

Compuso casi doscientas obras, muchas de género chico y revistas musicales. Era un músico con una gran inspiración para las melodías populares y fue siempre apreciado por el público. Escribió fundamentalmente en colaboración con Tomás López Torregrosa, Manuel Fernández Caballero, Rafael Calleja, Joaquín Viaña, Luis Foglietti, Ramón Estellés y José Serrano, entre otros. Jugador, bohemio, viajero incansable y derrochador, giró durante años por América, triunfó en Broadway y murió prematuramente en un accidente en México, cuando maduraba el proyecto de un teatro de zarzuela en Nueva York. Tenía 43 años. Compuso obras como La marcha de Cádiz, El perro chico o El príncipe Carnaval.

Nació en Alicante en 1866.  Comenzó como redactor en El Diario Universal, La Ilustración Artística Teatral y El Resumen. La publicación de Cartilla y Cuadernos de Lectura (Trazos de un reinado) le proporcionó cierto desahogo económico y contacto con los bajos fondos madrileños, que convirtió en motivo de sus trabajos.

Carlos Arniches
el cantor del alma popular

En 1888 estrena en el Teatro Eslava Casa Editorial, con la colaboración de Gonzalo Cantó y música de Rafael Taboada. Es un éxito: el camino teatral está ya marcado. Fascinado por el casticismo madrileño, lo llevó a los escenarios en obras con y sin música, adaptadas al teatro por horas y al de dos o más actos. Su éxito corrió paralelo a un cierto menosprecio de la crítica seria, que incluso acuñó un término despectivo para referirse a su modo de hacer, el “currinche”. Sus obras y sus retorcimientos del lenguaje le granjearon un enorme éxito de público. Arniches no se limitó a reproducir el habla popular, sino que creó un lenguaje propio, mezcla de invención y de expresiones populares. Pasaba desapercibido con frecuencia para sus críticos su talento dramático, que le permitía crear estructuras sólidas y personajes bien definidos. Fue uno de los precursores de la tragicomedia grotesca. Sus inquietudes sociales lo llevaron a introducir una dimensión crítica poco habitual en el género, mostrando la otra cara de unos personajes que debían parte de su atractivo popular a rasgos de carácter no siempre benévolos. Otras de sus obras son Doloretes, La señorita de Trevélez o Las estrellas, aparte de sus famosos frescos. Murió en Madrid en 1943.

El “rey del retruécano y del chiste explosivo” nació en Madrid en 1873, en el seno de una familia acomodada. Desde muy pequeño mostró su afición al chiste disparatado y nada se libró de sus chanzas inocentes, incluida su madre en su propio funeral. Su vida estuvo salpicada de anécdotas y situaciones estrafalarias, fruto de un carácter que nunca se tornó del todo adulto.

Enrique García Álvarez
el dandismo castizo

Pese a su fama de perezoso irredento (podía pasar días enteros sin salir de la cama), escribió más de cien obras. Trabajó casi siempre en colaboración, como una forma de disciplinar un temperamento excesivamente disperso. Su éxito de público no fue parejo con el reconocimiento de la crítica, que le cuestionó siempre su humor desenfrenado e ilógico y sus obras escasamente rematadas. Estas críticas nunca hicieron mucha mella en él. Con Carlos Arniches forma una sociedad de éxito hasta 1912, año en el que se rompe una gran amistad al producirse una situación nunca aclarada entre ambos y la compañera de muchos años de García Álvarez. La relación entre ambos se reanudaría años después, pero, según sus cercanos, no se recuperó del golpe jamás. Aunque carecía de formación musical, era muy aficionado a improvisar al piano y escribió muchos números musicales de las zarzuelas en las que figuraba solo como libretista, llegando incluso a firmar la partitura de algunas piezas que le orquestaban compañeros compositores. Otras obras suyas fueron La alegría de la huerta, El trust de los tenorios, El pollo Tejada, Alma de Dios o El sueño de Valdivia.

“Et le public de l’Auditorium de la cité réserve un triomphe retentissant à cette œuvre parfaitement restituée... Succès tout à fait légitime en regard de la qualité du spectacle.”


Pierre-René Serna,
en concertclassic.com

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